José Miguel Vilar-Bou

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Viajar y leer, dos maneras diferentes de hacer lo mismo”

Vives...
Ahora en Bruselas. Escribo allí en una revista.

Y antes...
En España he compaginado colaboraciones en revistas de creación con sucesos, tribunales y reportajes sociales. Y también he sido profesor en centros para refugiados de guerra en Serbia.

Lees...
Desde las 1001 noches hasta Homero, Dumas, Melville... lo vanguardista, vamos.

En la mesilla tienes ahora...
El lector, de Bernhard Schlink.

Como escritor te va mas...
La novela. Creo que escribir es un lujo que uno se permite. El precio son las ojeras al día siguiente.

Aficiones...
Soy tan original que me gusta viajar y leer, dos maneras diferentes de hacer lo mismo.

Admiras...
A las personas que, siendo auténticas, logran llegar adonde quieren. Unos salen en los titulares; otros, no.

Cuando no puedes dormir...
No se ha dado el caso. Soy experto en hacerlo en trenes, autobuses, playas y andenes como si fuera el hotel Hilton.

Para vivir...
En el mar o en ciudades lo más ruidosas posible.

Una reivindicación.
Aunque vivamos como reyes, aunque seamos hijos de la sociedad del bienestar, estamos obligados a ser críticos con el mundo que nos rodea. Pasan demasiadas cosas afuera como para quedarse muertos delante del ojo del televisor.

Proyectas...
Publicar mi primera novela, Los navegantes.

CARLOS ÁLVAREZ





Es una novela fantástica, real como la vida misma”

José Miguel Vilar siempre supo que sería escritor. Desde que su abuela le contaba historias en su Alfafar natal soñó con escribir novelas fantásticas. Los navegantes es el resultado de varios años de trabajo y una estancia de nueve meses en Serbia que cambiaría por completo su visión de los conflictos bélicos. Su historia de amor y guerra está ambientada en un mundo imaginario que bien podría llamarse Irak.

Esta historia comienza a gestarse en Serbia. ¿Qué le impulsó a viajar hasta allí?
En un momento de mi vida se me cruzaron los cables y decidí hacerme cooperante en Serbia. En teoría iba como periodista pero acabé siendo profesor de música en los centros colectivos para refugiados de una pequeña población llamada Niska Banja. No conocía ni tan siquiera el idioma pero al final fue fácil. Estos huérfanos no están acostumbrados a recibir cariño, así que cuando les hacías una mínima caricia se volvían locos contigo.

¿Qué fue lo que más le impacto de la situación en la que vivían estos adolescentes hijos de la guerra?
Estos centros colectivos son como hoteles en los que viven las familias refugiadas. Por ejemplo puedes encontrar una habitación en la que duermen cinco en una cama. Ves escenas realmente duras. Cuando yo estuve el paro era de más del 45%. En esos momentos es cuando aprendes a no quejarte tanto. Aquí estamos como adulterados. Supongo que ese contacto tan real con la violencia resultó crucial para contar su novela. Evidentemente. La novela relata una guerra y yo hasta antes de ir a Serbia había utilizado la violencia de una manera casi lúdica. Y de pronto llegas a un contexto de posguerra y ves realmente los dramas que hay detrás de cada conflicto, detrás de cada bomba o cada disparo. Viven como en una depresión general. Usted concibió la historia antes de llegar a Serbia.

¿Cuánto escribió allí y cómo le influyó?
El grueso. Prácticamente el 80% de las 320 páginas de la novela Los navegantes están hechas allí. Serbia me ha servido para nutrirme de personajes, de paisajes, de colores, de tradiciones, de leyendas, hechos históricos. El viaje resultó fundamental.

¿Qué va a encontrar el lector en este trabajo suyo; una novela histórica o de ficción?
La editorial la califica de novela de fantasía épica pero yo creo que no sería el más ajustado. Incluso alguien ha dicho que es una novela de fantasía no épica. Para mí es una novela en clave fantástica en una tierra imaginaria que no existe. Aunque, en realidad estoy ironizando sobre la guerra de civilizaciones. Se trata de una novela con muchos cajones secretos. Son dos años de trabajo y muchos recuerdos.

¿Qué historia de luchas cuenta esta novela?
La novela a grandes rasgos es una novela coral y habla del enfrentamiento que se produce entre dos civilizaciones totalmente irreconciliables que son los Trinisantos y los Hombres del Sur. Entonces estos dos mundos chocan en una pequeña ciudad de apenas 50.000 habitantes llamada Arialcanda. En realidad es una ironía sobre la guerra de Irak. Hay una frase que me gusta mucho que dice: Es una novela fantástica, real como la vida misma.

¿En esta novela, igual que en la realidad, hay vencedores y vencidos?
Hay vencedores y vencidos en los dos bandos, igual que hay buenos y malos en los dos bandos. Normalmente en la tradición de la novela fantástica siempre hay un planteamiento muy maniqueo de blancos y negros. En este libro los rubios, altos y guapos son los que agreden a los oscuros y chapuceros.

¿Tampoco habrá seguido entonces la regla de un protagonista y su chica?
Ahí me he alimentado mucho de Tolstoi. Él te narra las guerras napoleónicas desde el último limpiador de botas hasta el mismo emperador. Ese es el modelo que he querido seguir entre muchos otros. Mis protagonistas son desde los propios reyes hasta los más tirados de los dos bandos.

¿Y qué hay del amor? ¿Cabe ese sentimiento entre tanta guerra?
Por supuesto. Es una novela de amor y violencia. De hecho, los protagonistas se ven arrojados de su mundo por el embrutecimiento que supone la guerra y han de hacer barbaridades en una especie de locura colectiva. Y por eso intentan redimirse y encontrar su sitio en el mundo a través del amor. En el libro hay cuatro o cinco historias de amor paralelas muy diferentes. He vivido mucho del folletín.

A nivel personal. ¿Qué ha supuesto publicar su primera novela?
Son muchos meses de trabajo pero al final es un sueño cumplido. Ahora mismo me faltan manos para escribir todo lo que quisiera hacer. Necesito escribir igual que respirar. En las épocas en las que no estoy escribiendo enloquezco.

PATRICIA MIR





“El origen de toda guerra está siempre en lo material” 

¿Por qué ha elegido la ciencia-ficción como género para su primera novela larga?
Tú no eliges el género, sino que el género te elige de alguna manera a ti. Esta historia la tenía muy guardada dentro de mí desde hace un montón de años y ha sido una especie de cosa espontánea y natural. También es cierto que en esta novela hay muchos guiños históricos, muchas situaciones robadas de hechos históricos, de guerras pasadas y, sobre todo, del mundo actual, de la Guerra de Irak, la Guerra de Afganistán. Podía haber hecho novela histórica, pero no la ha hecho por pura pereza, porque requiere una preparación, conocimiento del pasado. Todo es un trabajo previo para el que no me siento preparado. Me limito a escribir lo que quiero y como me inventé mi universo puedo hacer lo que quiera, que para algo es el mío.

Combina en su novela fantasía épica y humor negro para hablar de un conflicto como es el de las civilizaciones. ¿Por qué eligió esa fórmula?
La historia es tan terrible y tan dura, pone tantas veces a prueba al lector con sus giros y con la violencia verbal de los personajes y la violencia de los propios hechos, que no se pueden resistir esa páginas sin un poco de humor. Esto lo saqué de alguna manera de mi experiencia en Serbia. Allí la gente vive en un contexto realmente terrible, muy difícil, y el humor y el amor son las dos maneras que encuentran de sobrellevar todo esto.

¿El humor ayuda a sobrellevar una situación difícil?
Es fundamental. Una situación difícil es donde enseguida surgen los chistes. Por ejemplo, con los refugiados de guerra, que estaban en una situación difícil, salían, se divertían. Son vitalistas por necesidad.

¿Cree que el conflicto de civilizaciones tendrá un fin?
Creo que no. No sé si soy una voz autorizada para hablar del tema. Lo que sí sé es que un conflicto no puede eliminarse. Se puede aprender a convivir con él. No creo que se pueda solucionar de una manera rápida. Pero, cuando estuve trabajando en Bruselas me econtraba con una situación todos los días que me llamaba mucho la atención. Vivía en un barrio que era muy multirracial. Se mezclaba gente sin mucho dinero con estudiantes y muchos árabes. Cuando iba a comprar el pan, la mujer que me lo vendía llevaba un pañuelo que cubría su cabeza, cenaba en restaurantes marroquíes o compraba las cervezas a una filipina... El caso es que tenía una convivencia maravillosa de persona a persona, pero, de repente enciendes la televisión y te encontrabas con la Guerra del Líbano, la de Irak y te preguntas por qué a estas alturas tienen que pasar estas barbaridades.

¿Detrás de los conflictos existen intereses económicos o políticos?
Creo que el origen de toda guerra siempre está en lo material. No son para nada una cosa romántica. El editor del libro lo ha definido como “una novela fantástica, real como la vida misma”.

¿En qué punto se encuentran fantasía y realidad?
En un foro de Internet alguien dijo de Los navegantes que era una fantasía no épica. Me hizo mucha gracia la definición y, además, me parece bastante ajustada. Creo que realidad y fantasía convergen en todos los puntos. No hay nada más inspirante que la propia realidad. De hecho, cuando encaré el momento de empezar a escribir la novela me di cuenta de que no me hacía falta inventarme una guerra fantasiosa cuando la más bestia de todas las guerras la tengo todos los días en la televisión.

El protagonista de Los navegantes pasa de villano a héroe. ¿Es eso posible?
Sí, por el mero hecho de que los héroes y los villanos no existen. Akkán es asesino y presidiario. Es un ser bastante traidor, pero las circunstancias y sobre todo el amor le empujan a convertirse en una especie de héroe en el sentido literal de la palabra. En los Balcanes, en una situación de posguerra, de dificultad, las personas con los ideales más elevados y que hace los sacrificios más increíbles de los que nosotros no seríamos capaces, a la vez tienen un lado miserable y un lado malo. Nunca he encontrado la pureza absoluta en una persona. 

ELISA VIVES





La fantasía es hoy el género perfecto para transgredir, para divertir, para inventar” 


Los navegantes es tú primera novela, pero ya has publicado relatos en la revistas Galaxia, en el Visiones 2006 e incluso en el suplemento de tendencias EP3 de El País y eres periodista. ¿Desde cuándo escribes?
En alguna manera, escribo desde antes de saber escribir. De pequeño llegué a inventarme un personaje imaginario que vivía aventuras en mi cabeza. Eso nos pasa a muchos de los que le damos a la tecla. A fecha de hoy, algunas de esas invenciones me resultan más vívidas que la vida de verdad que tuve entonces. Supongo que fui un niño un poco raro en ese sentido. Todavía me sucede a veces y por eso cometo errores en mi curro. 

Podríamos encuadrar tú novela dentro de la fantasía. ¿Es este el género que más te gusta?
Crecí mamando fantasía. Nunca podré librarme del componente increíble o fantasioso en el acto casi sexual de escribir. Es cierto que por higiene mental tengo que alternar la fantasía ambiciosa e intensa con alguna historia real y cercana. Inventar un mundo es extenuante y hasta la imaginación debe hacer barbecho.

¿Cuáles son tus libros de género favoritos?
Soy mal lector de fantasía. No he leído a Martin, por ejemplo. Mis referentes extranjeros se quedan en Tolkien, Moorcock, Michael Ende, Dragonlance y R.E. Howard. En el campo de la ciencia ficción me han fascinado Ursula K. Le Guin o Greg Egan. No sé si chocará a alguien si digo que he leído mucha más fantasía nacional. Es un campo en el que disfruto mucho como lector: todo me sabe a nuevo y diferente, lleno de fuerza y de ilusión. Me interesan especialmente los pasos que dan Javier Negrete, Juan Miguel Aguilera o David Mateo. Tengo pendiente a Rafa Marín. Tienen en común el sentido de la aventura. Se la juegan por caminos que, al menos a mí, me saben a nuevos y estimulantes. Hay muchos más escritores a los que nombraría y que todos conocemos. De hecho, cuando leí el Visiones 2006, en el que participé con un cuento, terminé acomplejado viendo tanta perla ahí metida.

Y fuera del género, ¿cuáles son tus libros o autores favoritos?
Soy más de novelas concretas que de autores, pero al escribir no puedo librarme de Tolstoi, Balzac, Dumas, Stendhal, Flaubert, Melville, Cervantes, Kafka, Borges, Homero y Las mil y una noches. Todo ello bien mezclado con unas cuantas viñetas de Alan Moore y algunas frases de Dylan, Woody Allen y Groucho Marx. Los mimbres son buenos… el cesto resultante es otra cosa. ¡Ah! Y también soy un devorador de reportajes. Me vuelve loco el lenguaje periodístico.

Últimamente estamos viendo que se están publicando más novelas de fantasía escritas por autores nacionales. Tú como escritor, ¿cómo ves la situación actual del género?
No me veo con autoridad para hablar del tema editorial, sólo decir que me he sentido muy bien con Ajec. Me interesa más el plano creativo. Creo que la fantasía es hoy el género perfecto para transgredir, para divertir, para inventar. Para meterse por caminos nuevos y mestizos. La fantasía puede ser cómica, trágica, loca, lúdica, filosófica, realista, épica, trascendente o ligera. Mezclar pasado y presente como a uno le dé la gana. No descubro nada: lo vemos en toda la literatura que está aflorando. Otra cosa es que este vivero creativo sea invisible para el gran público.

Ya hablando de tu novela, es un texto que nos sorprende ya desde la portada, con una obra del artista rumano Nicolae Groza. ¿Por qué se eligió esta portada?
Esta obra es en realidad una vidriera. Fue un capricho mío con el que Raúl Gonzálvez transigió. Descubrí a Groza por casualidad en Bélgica. Vi en su obra el mismo carácter tragicómico que yo busqué en Los navegantes. Sus cuadros se nutren de sus recuerdos de juventud en los Balcanes. Capta la luz, el color y el flujo de esas geografías que de alguna manera quise capturar en mi novela. Esa mezcla de risa, esperpento y sangre era justo lo que buscaba. Así que, de la mano de unos amigos, fui a su casa en Lieja y le conocí. Al ver la vidriera en cuestión caí de rodillas (lo juro) y le dije más o menos: “Usted ha pintado mi novela sin conocerla”.

Dentro del libro nos encontramos con un estilo muy curioso, con un tono actual e irónico por momentos, en el que citas a la guardia civil o a los taxistas. ¿Este estilo tiene alguna motivación, o te salió así?
Nunca antes había escrito así. Ese estilo loco y anacrónico me lo impuso el propio flujo de la historia y de los personajes. Quería hacer algo gamberro y sin cortapisas. Un presidiario o un soldado dicen: “me cago en tu puta madre” cuando se enfrentan a la muerte. Otra cosa no me hubiera resultado creíble. También es verdad que en Serbia no tenía ordenador. Entonces escribía con boli y libreta. Y creo que, si hubiese sabido entonces que Los navegantes iba a ser un día publicada, no hubiese sido tan osado ni en la forma ni en el tratamiento del sexo o la violencia. Me consta que algún lector ha sufrido aprensión hacia Los navegantes por los pasajes más duros o detallados. A mí personalmente me produce más vomitera la violencia rosa que hay en algunos libros, que no hay Cristo que se la crea.

Estuviste en Serbia como cooperante, y allí escribiste el grueso de tu novela. ¿Cómo surgió la idea? ¿En qué circunstancias comenzaste la obra?
Serbia le dio una nueva dimensión a la novela. Pude conocer las consecuencias del odio. Y también las razones tan infantiles con la que se justifica un genocidio. Los refugiados serbios de guerra que conocí habían perdido todo lo que tuvieron por razones que todavía no puedo entender. Es muy trágico que los seres humanos se vean sometidos a pruebas tan duras por ideas vacías que no dan de comer, sino todo lo contrario. Por eso decidí quitar a la guerra entre arialcandos y trinisantos la máscara de lo épico y llevar el realismo hasta el delirio más sonrojante por real, hasta convertir la historia en un festival de miserias, traumas e indecencias privadas. Por supuesto, cada uno es muy libre de optar en sus libros por la violencia rosa a la que me refería antes.

Tu novela se puede disfrutar como una lectura entretenida, pero también tiene otras lecturas. Yo no dejaba de pensar en Serbia cuando la leía, ¿Cuánto hay de tus vivencias y reflexiones allí en el libro?
Más que vivencias directas, he robado los recuerdos de otros: anécdotas de los días de bombardeos, la valentía ante la miseria económica. El vitalismo, el sentido del humor de los serbios frente a la adversidad, la pobreza y la desesperanza. La lucha diaria por dejar atrás el pasado traumático. Las trágicas consecuencias del conflicto. De todo ese material emocional quise nutrirme. Los Balcanes me llevaron a otra conclusión clave en el desarrollo de mis personajes: Las personas más heroicas tienen un lado miserable. Y que las personas más miserables tienen un lado heroico. Y me refiero a un heroísmo real, del día a día. No al de los soldadetes yankees que han montado un parque temático de la muerte en Irak.

Arialcanda, la ciudad donde se desarrolla la novela, no tiene ejército. ¿De dónde surge esa idea?
Arialcanda es un trasunto de Bagdad. Era necesario crear una ciudad pacífica para ver hasta qué punto puede el odio transformar a las personas. Una noche, en Serbia, un chico completamente normal se puso a charlar conmigo en un bar. Me contó que había sido paracaidista de la armada yugoslava en Kosovo y me narró auténticas salvajadas que en tiempo de guerra cometió contra personas desarmadas. Eso me hizo pensar: ¿Cómo hubiera sido yo si hubiera nacido en el momento equivocado y el lugar equivocados? ¿Hubiera sido como él? Eso asusta.

A pesar de la crudeza de la novela, del odio que va creciendo según avanza, siempre hay una pequeña luz que aparece, el amor. ¿A pesar de todo, eres optimista con el comportamiento humano?
Las personas tenemos una capacidad casi infinita para el amor, según el día, e infinita del todo para la violencia. Hechos como Sarajevo, Dachau, o Auschwitz se nos hacen inexplicables porque nos negamos a ver de qué somos capaces. Pero a la vez tenemos el don de crear, amar, construir, que para mí son la misma cosa. Hay una anécdota: en Serbia di clases de música en un orfanato. Eran adolescentes con vivencias muy difíciles y que se movían en un entorno muy duro. Por alguna razón, muchos de ellos estaban extraordinariamente dotados para el arte: los había músicos, dibujantes, bailarines, improvisadores de rap, actores… En medio de un contexto poco alentador, ellos luchaban por salir adelante con una energía sobrecogedora y se agarraban al arte y a las relaciones personales como a la luz del sol. Les admiro porque tienen que luchar a muerte por cosas que a nosotros nos dieron desde la cuna.

¿Qué libro estás leyendo?
Ahora leo Un puente sobre el Drina, de Ivo Andric. Y luego tengo en cola un par de fantasías, cómo no, españolas: La cólera de Nébulos, de Francisco Illán y Sillmarem, de Gabriel Guerrero Gómez. También voy leyendo material inédito de algunos colegas. Esto por el gusto de intercambiar ideas y porque en la cocina creativa de los camaradas es donde más se aprende. Y para terminar, ¿Cuáles son tus proyectos literarios? Tengo algunas notas por ahí. En el futuro habrá más fantasía. Fijo. Pero no será Los navegantes. Será otra cosa. El de Los navegantes es un mundo que nace y termina en sus 320 páginas. Soy un escritor anti-saga. 

ALFREDO MARTÍN





Escribir es ponerse ante el espejo” 


A pesar de que "Los Navegantes" es tu primera novela, no puede decirse que seas un "primerizo" en esto, pues no es la primera vez que ves publicadas tus propias creaciones ya que diferentes revistas (Galaxia, Visiones 2006 o el suplemento de tendencias EP3 de El País) nos han hecho llegar otros cuentos firmados por ti ("Vidas de piedra", "El dios reflejado en el espejo" o " Me dijo el Diablo"). ¿Recuerdas cual fue tu primer relato? Publicado o no, claro. Pero en esta ocasión se trata de 320 páginas. ¿Cómo lo llevas?

Mi primer cuento fue una especie de leyenda de Bécquer en versión espantosa. Pero me sirvió para ganar mi primera placa en un concurso. Lástima que inscribieron mal mi apellido. Todavía tengo guardada la placa a un tal José Miguel ViLLar a quien no conozco. En cuanto a Los navegantes, mi primera novela, claro, 320 son muchas páginas, pero son las que me exigió la historia. Mi idea inicial era escribir un libro de fantasía que no llegara a las 200, pero al final me acerqué al tocho. Y debo decir que mi obsesión era sintetizar al máximo. 

Últimamente me he visto sorprendido por la cantidad de escritores nacionales que escriben dentro del género de la fantasía, y lo que más me sorprende (gratamente, claro) es la gran calidad de las historias. He leído por ahí que, como lector, disfrutas mucho con este nuevo género de "fantasía nacional". ¿Qué autores, o novelas, nos recomendarías?
Estoy encantado de formar parte de un caldo de cultivo tan inquieto y creativo. Somos muchos escritores los que sabemos que la fantasía (y el terror y la CF) no tienen por qué acomplejarse. Autores nacionales que me gustan especialmente… León Arsenal, Juan Miguel Aguilera, Javier Negrete, David Mateo y algunos otros más. Pero bueno, esos son sólo mis gustos personales. Hay tanta gente buena publicando…

¿Por qué has elegido precisamente éste tipo de género? O mejor dicho ¿Cómo surgió la idea que te llevó a "Los Navegantes"?
En realidad no elegí el género. El género quien me eligió. Desde niño el lado imposible de las cosas me cautiva. Como escritor me interesa el punto en que lo real y lo imposible se bifurcan. Entonces siempre sigo por el lado fantasioso. Por eso insisto en que “Los navegantes” es una novela de fantasía. Algún lector bienintencionado ha cuestionado esto al ver que la novela introduce elementos a los que no está acostumbrado. Pero eso es justo lo que pretendo: escribir una fantasía con una perspectiva insólita y diferente. 

Lo cierto es que según qué partes de la novela no había forma de desvincular al autor de la novela. Se "intuía" (no se me ocurre mejor modo de expresarlo) que tu estancia en Serbia, donde la mayoría de "Los Navegantes" fue escrito, tuvo que marcar de algún modo esas pequeñas historias de pequeñas vidas que ibas contando conforme cuentas la gran historia de la novela en sí. Así que la pregunta es obligada. ¿Cuánto hay del José Miguel que estuvo ocho meses cooperando en centro colectivos de refugiados de guerra en "Los Navegantes"?
En el libro hay mucho más y mucho menos de mí de lo que la gente pueda pensar. Los Balcanes fueron una experiencia intensa y positiva. Me enseñaron que, más allá de buenos o malos, somos seres humanos y tenemos la capacidad de crear belleza y de destruirla. Ahora, ya con cierta perspectiva, me doy cuenta de que la novela está escrita con la rabia y la dureza que me dominaba en aquel tiempo: la vida en los centros colectivos de refugiados, la pobreza, la desmoralización, las cicatrices morales y físicas que habían dejado los bombardeos… Todo aquello se me contagió y lo vomité en “Los navegantes” junto a una serie de circunstancias personales. Pero insisto en que mi tiempo en la posguerra de Serbia lo pasé rodeado de de humanidad, amor, esperanza e inteligencia. Todo lo opuesto a lo que se supone que deja la guerra.

Está claro que tu novela se puede leer bajo varios prismas y sacar conclusiones morales o simplemente pasar el rato leyendo una historia más que entretenida. ¿Algún personaje es un homenaje a alguien que conociste, o algún relato que te contaron, en esas circunstancias? 
Muchos episodios proceden de anécdotas de guerra que me contaron o que leí. Otros fueron inspirados por la mitología gitana de los Balcanes, una cultura riquísima y ecléctica. Tuve la suerte de trabajar un poco con este colectivo en aquel tiempo. También “robé” personajes y hechos históricos a los cuales parodio de una forma bastante cruel. Y sí. Muchos personajes están inspirados en personas reales, al menos en parte. Pero ese es un secreto que me guardo. Además, los Balcanes me dieron paisajes, colores, palabras, psicologías, atardeceres, sonidos, idiosincrasias… todo este tsunami emotivo y cultural fue a parar a las páginas del libro.

Cuando abordé tu novela la primera vez, lo primero que me llamó la atención y mucho es la portada a cargo de Nicolae Groza que tengo entendido es originalmente parte de una vidriera. ¿Podrías ahondar un poco en el por qué de la elección de "Los Cuatro Jinetes del Apocalipsis"? 
Es una historieta. Conocí por casualidad la obra de Groza en Bruselas. Una pareja de amigos le conocían y se ofrecieron muy amablemente a presentármelo. En su casa de Lieja nos mostró “Los Cuatro Jinetes del Apocalipsis”. En el instante en que vi la vidriera, la sentí como parte de la novela. O viceversa. Como si alguien hubiera convertido mi libro en imagen sin haberlo leído jamás. Por eso decidí arriesgar (y también el editor Raúl Gonzálvez) con una portada que podía causar extrañeza a los aficionados del género, pero que, pienso, atesora una calidad artística desgarradora.

De hecho, precisamente por esa idea preconcebida "apocalíptica" sorprende leer esos pasajes de amor absoluto. Imagino que ese contraste es más que intencionado ¿o es un grito a la desesperada de un optimista acérrimo?
La desmesura de las historias de amor de la novela viene forzada por la propia historia. La guerra es como un huracán que lo acelera todo: el odio, la envidia, la ambición, la locura… con el amor debía pasar lo mismo. Por eso los personajes de “Los navegantes” se entregan unos a otros de una manera tan desesperada, tan orgánica, tan… imposible. ¿Se puede llamar a eso optimismo? Supongo que sí.

En cierto momento en la novela (que se desvela ya desde el más que curioso "metaprólogo") llegas a toparte con dos de tus personajes al más puro estilo Ende en "La Historia Interminable" y tus palabras son espeluznantes en más de un sentido: "No puedo mirarte a los ojos. Porque si lo hiciera vería en ti lo que soy, lo que no soy, lo que quiero ser y lo que no quiero ser. Y no lo podría soportar [….] Tú […] y tú […] os amáis como a mí me gustaría poder amar". Poniéndonos filosóficos ¿piensas que ese examen de conciencia, de mirarnos al espejo y ver exactamente qué somos y qué no somos es necesario para evitar según qué acciones autodestructivas?
Uau, qué pregunta. En más de un sentido concibo el ejercicio de escribir como ponerse ante un espejo. Dialogar con uno mismo. Embrutecerse y crecer de una sola vez. A lo mejor soy un bicho raro porque me gusta hacer estas “autopajas mentales” narrando aventuras, viajes e intrigas, lo que parece una contradicción. Pero todos los escritores estamos, en algún modo, en todos nuestros personajes. Los escritores solemos ser identidades escindidas, igual que las bolas de espejos de las discotecas horteras. Y supongo que eso nos obliga a escribir. Supongo que es una manera de remendarnos por dentro. Destruyéndonos y reconstruyéndonos en nuestros personajes.

Quisiera aprovechar la ocasión para felicitarte por la acertada "atemporalización" del relato usando ese lenguaje moderno sacado de contexto entre comillas. ¿Has recibido alguna crítica negativa al respecto?
Me están dando bastante por ahí. Pero si volviera a escribir el libro, añadiría más palabras modernas todavía. Soy consciente que se trata de una novela que exige mucho al lector. El humor y el lenguaje ponen a prueba continuamente a quien lee el libro. Al menos ese era mi objetivo. Desde el comienzo quise hacer reír y llorar en cada página. Saltar de lo real a lo absurdo, de lo ligero a lo terrible sin aviso previo. Ese lenguaje descontextualizado del que hablas causa extrañeza porque muchos siguen creyendo que los personajes de una novela fantástica deben hablar como si les hubiesen metido un arpa por el recto. Hay libros geniales así, que me encantan y que utilizan un lenguaje limpio porque la historia lo pide. Pero en el caso de “Los navegantes” me parecía muy lógico que un héroe se cagase en la puta madre de aquel a quien va a asesinar. Sin ir más lejos, la escena en que Akkán mata a un soldado en mitad de una defecación no es una invención mía. Es una anécdota real.

¿Y en cuanto lo explicito de algunas escenas de "mayores de 18 años"?
Me gustan los primerísimos planos, ya sean de una batalla o de un coito. El componente sexual del libro es más que generoso, omnipresente incluso, pero tengamos en cuenta que el eje emocional de la novela avanza a través de varias historias de amor que disecciono muy de cerca. En general las parejas hacen sexo, así que, ¿por qué iban a ser una excepción mis personajes? En realidad la manera desesperada en que se desarrollan las escenas pornográficas viene impulsada por la propia locura que envuelve la historia: Los personajes se agarran al amor como única salvación ante un contexto bélico que les obliga a dejar de ser humanos.

Tengo entendido que no eres muy amigo de las "sagas" así que tendré que desechar la idea de leer el relato detallado de las aventuras de "Amin el Cazador de Monstruos y sus 15 Tatuajes". Así pues ¿algún proyecto literario próximo?
Me da pena abandonar a Amin en su biografía sin principio ni final, pero eso es algo que sólo la imaginación del lector puede completar. En cuanto a proyectos… tengo algunas anotaciones por ahí. Habrá más fantasía. Eso seguro.

FABOO





“El periodismo me ha enseñado el poder de la palabra justa” 

Los navegantes ha sido tu primer libro publicado. ¿Te ha costado mucho esfuerzo conseguirlo?
La publicación en sí fue un proceso rápido. Mandé el original a AJEC y en tres semanas tuve respuesta. Lo duro fue lo de antes, puesto que comencé a escribir la novela en Valencia, cuando trabajaba en un periódico que ya no existe. Después me mudé a otra ciudad y tuve que llevarme todas las anotaciones detrás, y, finalmente, escribí el grueso en Serbia, a mano, porque allí no tenía ordenador en casa. En total, creo que tardé dos años en hacer Los navegantes. Y a eso hay que sumarle varios años alimentando la idea en mi cabeza.

Está claro que el libro sorprende en varias facetas por su originalidad, empezando por lo que has llamado Metaprólogo, donde nos cuentas en forma de juicio a tu propia persona lo que nos vamos a encontrar en sus páginas. ¿Esta idea de incluirlo fue premeditada o se te ocurrió sobre la marcha?
En realidad el autor del metaprólogo es Salvador Montesinos, quien ha aportado su peculiar genialidad. En él, me limito a ejercer de personaje y no de autor. Estuvimos varios meses trabajando sobre varias ideas. Al final teníamos tantas versiones del metaprólogo que no estoy seguro de si se publicó la definitiva. Estoy muy contento del resultado porque veo que el metaprólogo no deja a nadie indiferente.

A mí me parece que con el lenguaje que utilizas y la forma que narras buscas un poco la cercanía con el lector, hacer como si esta historia nos la estuviera contando alguien que conocemos. ¿Es así o sólo buscabas un poco un estilo rompedor y hacerlo tu seña de identidad?
Algún lector ha sugerido que el estilo de Los navegantes es una pose contra lo que se considera habitual en la fantasía. No es así. No me dio de repente por escribir a taco limpio, sino que, como todo el mundo, he ido desarrollando mi estilo a lo largo de los años; de cuentos y de novelas que son carne de cajón. No creo que un escritor deba obsesionarse por encontrar una seña de identidad. Simplemente debe buscar su camino, su manera de entender el mundo con naturalidad, sin impostar. El único modo de gustar, pienso, es siendo uno mismo. De todos modos, hagas lo que hagas, siempre habrá gente a quien no le gustará tu trabajo.

Todas estas cosas que hemos comentado del libro, con su irreverencia, su lenguaje y algunas cosas más, hacen que se salga de la línea establecida. ¿Crees que cada vez es más difícil destacar o sorprender en el género de la fantasía? ¿Crees que está todo inventado o aún queda por innovar?
Al contrario, creo que la fantasía es un genero lleno de caminos por explorar. Hay muchas novelas foráneas y nacionales que así lo demuestran y no dejan de salir nuevos títulos de autores españoles al mercado. Por eso me hiere especialmente cuando se identifica la literatura fantástica como un género menor y tonto. Hasta hace poco le pasaba lo mismo a la novela de aventuras en España. Pero ahora ésta goza del prestigio que se merece. Esto me da mucho optimismo. Espero que un día suceda igual con la fantasía.

El libro también contiene unas grandes dosis de humor e ironía, sobre todo encarnadas en el personaje de Akkán. ¿Has reflejado en este personaje o en el tono general del libro un poco o parte de tu personalidad? Hay algo de mí en todos los personajes, cocodrilo incluido. Todos los escritores estamos en todos nuestros personajes, creo. Por lo general un escritor es un ser de personalidad escindida y llena de contradicciones. Y el ejercicio de escribir es, tal vez, un modo de obligar a todas estas personalidades a dialogar entre sí. Luego el resultado es Los navegantes y uno empieza a preocuparse.

Hay una cosa que nos intriga viendo el libro que has conseguido realizar: ¿Has pensado retomar el mundo que has recreado en Los navegantes para escribir otro libro algún día, aunque no sea necesariamente una segunda parte?
Es una posibilidad que he descartado. Sería traicionar la esencia de la novela. Además, uno de los placeres de escribir fantasía es el proceso de invención de un mundo imposible. Si escribiera una segunda parte del libro renunciaría a este placer. Prefiero inventar otros nuevos universos.

Cambiando de tema, en 2004 estuviste en Serbia cooperando en centros para refugiados de guerra. ¿Cómo fue tu experiencia allí esos meses y qué aprendiste?
Se supone que fui allí como profesor, pero en muchos aspectos fui alumno. Aprendí que somos afortunadísimos de tener un techo, de vivir en una sociedad que funciona, de no tener heridas morales que cicatrizar, ni odios históricos ni nada de eso. También aprendí que las circunstancias difíciles obligan a las personas a volverse grandes. En todo caso fue una experiencia muy positiva. Reconozco que llegué a la posguerra serbia muy determinado por los prejuicios que a todos nos dejaron hechos como el sitio de Sarajevo, la masacre de Srebrenica o la toma de Vukovar. Pero lo que me encontré en este país fue gente maravillosa, inteligente y vitalista en un 98%.

Parece evidente que esta experiencia aparece reflejada de una u otra forma en Los navegantes. ¿En qué modo influyó en tu novela? ¿Hay algún hecho del libro en el que te hayas basado por alguna experiencia real vivida en este periodo?
Sólo a posteriori he podido percibir la rabia con la que escribí el libro. Era la primera vez que vivía fuera de España y de repente me encontraba en un contexto de 20 grados bajo cero donde no entendía una sola palabra de lo que me decían y donde las relaciones sociales eran marcianas para mí. Al principio fue muy duro. Creo que todo eso, junto a una serie de movidas personales, determinaron el tono del libro. Espero haber sabido plasmar la intensidad de los Balcanes en él.

Cabe suponer que a parte de influencias relacionadas con tu experiencia vital, también las habrás tenido literarias. ¿Cuáles crees que han sido éstas?
La lista es infinita. En aquel momento estaba bastante marcado por Máscaras de matar, de León Arsenal. Fue un shock descubrir que se podía escribir fantasía en español. Que existían libros ágiles, modernos, escritos por españoles. Eso me animó a darle cuerpo a la idea que llevaba tanto tiempo en mi cabeza: una novela de fantasía a mi manera. Algunos autores sin los que no puedo escribir son Tolstoi, Kafka, Alejandro Dumas, Thomas Mann, Dostoievsky, Borges, Homero, Michael Ende, Ursula K. Le Guin y unos cuantos más.

Un poco en esta misma línea, ¿te animarías a hacer alguna recomendación literaria a nuestros lectores?
¿Yo? Bueno, sí. Los navegantes. No, es broma. A nivel de fantasía y de aventuras siempre recomendaría algunos autores nacionales. Me gustan especialmente Javier Negrete, Juan Miguel Aguilera, David Mateo, Emilio Bueso, J.E. Alamo y algunos más. Me quedan muchos por leer. Como space opera me encantó Silmarem de Gabriel Guerrero Gómez.

Otra pregunta que surge viendo tu experiencia vital, aunque no está directamente relacionada con la novela, es ¿en cuál de las dos facetas, la de periodista y la de escritor, te encuentras más cómodo?
Diría que son dos compartimentos estancos, pero no es cierto. El periodismo me ha ayudado a comprender el poder de la palabra justa, precisa. De la frase seca e informativa. Además, me ha permitido acceder a muchísimas personas de extractos muy diferentes, a muchas experiencias, lugares y pensamientos. Para escribir necesito vivir. Si me encerrase en casa no podría hacer ni una sola línea. Supongo que a todos los que escribimos nos pasa igual. Los escritores somos receptores andantes de vivencias. Siempre a la caza de vidas, sentimientos, pensamientos.
Para terminar, cuéntanos un poco qué proyectos, literarios o no, tienes en mente.
Tengo algunas notas por ahí escritas y muchas ideas. En el futuro quiero seguir escribiendo fantasía.

Pues muchas gracias por la entrevista y muy buena suerte con esas próximas aventuras fantásticas. Estaremos encantados de leerlas.

LINTON





El trabajo de escribir ocupa las 24 horas del día” 

Tus cuentos están publicados en varias revistas literarias en España… ¿Cómo ves la literatura española de hoy en día? ¿Qué libros son más buscados y qué autores?

Se están produciendo dos revoluciones en terrenos muy diferentes. La primera afecta a la novela de aventuras y de evasión. Lo que solemos llamar best-seller. Por primera vez hay un montón de autores españoles que cultivan de forma generalizada géneros como la intriga, la ciencia-ficción, el thriller histórico… Hasta hace cinco años, los lectores sólo compraban títulos extranjeros. Pero autores con José Carlos Somoza, Javier Negrete, David Mateo o Jorge Molist están "inventando" la literatura de aventuras de corte nacional. Por fin está desapareciendo el prejuicio de que los escritores españoles sólo sabemos escribir literatura sesuda. La otra revolución se refiere a la novela experimental, la que busca nuevos caminos. Igual que pasa en otros países, se está imponiendo la mezcla de voces narrativas, de géneros, de juegos visuales con la tipografía. La novela Nocilla dream de Agustín Fernández-Mallo es, hasta ahora, la más representativa de esta revolución. Se trata de una obra sin principio ni final. Compuesta por trozos de vidas que no se sabe de dónde vienen ni adónde van. Historias inconexas que rompen la idea tradicional de novela. Muchos autores están cultivando ahora este estilo verdaderamente chocante.

Eso es de prosa. Pero, la poesía y los ensayos, ¿han sido descuidados?
En teoría son malos tiempos para la poesía porque ya nadie lee con el cariño y el detenimiento que este género requiere. Vivimos en la era de lo audiovisual y de las prisas, donde la palabra ha perdido mucho valor. Donde todo se hace corriendo. No puede leerse así la poesía. La poesía exige tiempo, paciencia, interiorización. Carlos Marzal es mi poeta joven preferido porque, además de artesano, es un filósofo. Sus poemas son pura ciencia filosófica. Pero en general el género poético pugna por salir del papel y mezclarse con la imagen e incluso con la música. La poesía sigue respirando e innovando. Y eso es lo importante.

¿Se leen revistas literarias en tu país? ¿Cuáles son los más importantes?
Las revistas literarias apenas existen. Son el último refugio del cuento, un género por el que las editoriales casi no apuestan. En general las revistas son proyectos más románticos que exitosos. Eso se debe a que Internet ha revolucionado la manera en que los escritores nos relacionamos con nuestros lectores. Sin embargo, sí que surgen proyectos como Historias asombrosas, una revista que acaba de nacer y que ha levantado muchas expectativas.

¿Cómo escogen las editoriales a sus autores y cómo los respaldan? ¿Se publican, como en nuestro país, obras de personas conocidas (como políticos, cantantes, actores) más fáciles que las de autores anónimos?
En España sucede lo mismo. Muchos presentadores de televisión, auténticos analfabetos, han publicado libros que a la semana de salir a la venta desaparecen como si nunca hubieran existido. La gente tiende a comprar en cuanto ve una cara famosa en la portada. Así de penosos somos. Es mucho más fácil pasar de famoso a escritor que de escritor a famoso. Pero eso siempre ha sido así. Las editoriales quieren dinero y siempre apostarán por la autobiografía de la madre de Britney Spears antes que por cualquier idea revolucionaria. De todas maneras no soy victimista: los buenos libros siempre encuentran su lugar. Nocilla dream es una obra rara y compleja, pero se ha convertido en un gran éxito editorial.

Las obras de escritores latinoamericanos y españoles son cada vez más populares en Serbia. Por ejemplo, Javier Marías, cuatro de cuyas novelas están traducidas al serbio, aquí tiene gran número de admiradores literarios. ¿Qué piensan de él sus compatriotas?
Javier Marías es uno de los dos pilares que, en mi opinión, tiene hoy la literatura española. El otro es Arturo Pérez-Reverte. Cada nuevo libro suyo es un acontecimiento mediático. Su literatura es arriesgada, mas cercana a Proust o a Joyce que a la novela española. Justo ahora ha culminado la trilogía Tu rostro mañana, que suma, creo, más de 1.500 paginas. No deja de resultar sorprendente que un autor tan complejo tenga tanto éxito. Además, su columna semanal es una de las mas leídas junto a la de, precisamente, Arturo Pérez-Reverte.

Tus cuentos, como Las vidas de piedra y El dios reflejado en el espejo, pertenecen a la literatura fantástica. ¿Existe en España hoy un mayor interés por este tipo de cuentos?
España vive ahora mismo un bum de literatura fantástica. Es un escenario creativo que está naciendo en este momento. Han aparecido editoriales, lectores y una generación de nuevos escritores que quieren "inventar" el género a la manera española. Apenas tenemos antecedentes a los que seguir porque en España pocos se han tomado en serio la fantasía hasta una década. Creo que soy afortunado por formar parte de este caldo de cultivo creativo. El cine ha hecho posible el milagro: The lord of the rings y Harry Potter han despertado el interés del público por la literatura fantástica. La fantasía no es un género menor ni de niños, sino que puede producir novelas de gran calidad, innovadoras, rompedoras, chocantes. La fantasía en español es un terreno sin explorar. Un mundo por inventar.

¿Qué es para ti lo fantástico? ¿Piensas en esto mientras escribes? No suelo reflexionar sobre la naturaleza de "lo fantástico".
Me sale, sin más. Lo curioso es que cuando escribo fantasía me es imposible no introducir elementos realistas y cotidianos, mientras que cuando escribo literatura realista termino siempre por meter hechos fantásticos. Esto termina por crearme una especie de esquizofrenia artística. Me gusta transitar de lo más duro y real a lo más maravilloso.

¿Y dónde estás sentado cuando escribes? ¿Delante de un ordenador, una máquina de escribir, o frente a unos papeles?
Donde puedo. Aunque al final siempre es necesario terminar delante del ordenador. Voy siempre con una libreta que una gran amiga me regaló en Serbia y en ella anoto las ideas, escenas o diálogos que me vienen a la cabeza. El trabajo de escritor ocupa las 24 horas del día. Incluso las horas del sueño porque muchas veces los sueños nos regalan historias. Mi primera novela, Los navegantes, se me ocurrió a partir de un sueño. Eso es genial porque parece que alguien te ha dado el trabajo hecho y tú sólo tienes que ponerlo en el papel.

¿De dónde sacas la inspiración? ¿La encuentras en los libros o también en la vida cotidiana?
La vida cotidiana es mi gran alimento. Las historias, las personas, las relaciones humanas… todo lo robo de la vida de los demás. Soy un obsesivo observador del ser humano. Me gusta descifrar la naturaleza de las personas. Y luego todo ese material psicológico nutre lo que escribo. Antes de empezar a escribir Alarido de Dios, la novela en la que trabajo ahora, estuve durante un mes construyendo la psicología de los personajes. El lector necesita creerse los personajes para que una novela funcione. Si los personajes parecen monigotes en manos del autor todo se desmorona porque al lector no le importa qué le pasa a un monigote. Un personaje debe ser un ser vivo. Entonces es cuando el lector le ama o le odia.

¿Cuáles son tus modelos, tus ideales en la literatura?
Mi ideal es alejarme de cualquier purismo. Mi ideal es la libertad absoluta. Me gusta provocar. Me gusta el mestizaje. Me gusta moverme por las fronteras de los géneros. Unir las 1001 noches con Thomas Mann, la Odisea con la novela negra. Odio a los puristas que se creen dueños de los géneros. Nadie es dueño de los géneros. Tampoco puedo separar drama de comedia porque la vida es ambas cosas a la vez, y la literatura, por tanto, también. Todo lo cómico tiene un lado trágico. Todo lo trágico tiene un lado cómico.

¿A qué autores te sientes más poéticamente allegado?
Hay muchos nombres de los que no me puedo librar cuando escribo: Dostoievsky, Dumas, Stendhal, Flaubert, Thomas Mann, Kafka, Borges, Cervantes, Homero y las 1001 noches. También me influye mucho el mundo del cine. Leo con lápiz de subrayar los guiones de Woody Allen y de las películas de los hermanos Marx.

Eres periodista, y de momento trabajas para Amnesty International. ¿Cómo influye lo que haces en tu creatividad literaria?
Literatura y periodismo no son para mí compartimentos estancos. Uno se alimenta del otro. Para escribir necesito experiencias y el periodismo me las da. Mi trabajo me pone continuamente en contacto con el mundo. Si me quedara encerrado en casa no podría escribir una sola línea. Necesito el bullicio para escribir. Gracias al periodismo he vivido en varios países, he conocido desde artistas a políticos y criminales. Los dos últimos no se diferencian demasiado.

¿Qué lees últimamente?
Estoy releyendo mucha literatura victoriana de terror. Ahora que estamos en plena era digital y de cine con efectos especiales, me parece fascinante volver a la narración de miedo en estado puro. Al cuento de fantasmas en toda su naturalidad. Antes de que hubiera televisión. Cuando una familia se sentaba alrededor de la hoguera y el padre inventaba cuentos de miedo para asustar a los niños. Cuentos llenos de casas encantadas, de leyendas y apariciones. Me refiero a autores como Henry James, el anticuario M.R. James, Vernon Lee y autores más famosos como R.L. Stevenson o Dickens, que también cultivaron la literatura de terror.

¿Has leído algo de la literatura serbia? ¿Qué son tus impresiones?
Por desgracia es muy difícil encontrar autores serbios traducidos al español. Sí que he leído a Ivo Andric, que me pareció, además de un gran escritor, un sabio. Su prosa está llena de inteligencia, de amor por la vida. Sabe transmitir a sus páginas tanto el peso de la historia como el de la propia vida. Pero, más allá de Ivo Andric, tengo que reconocer que no conozco la literatura serbia.

Viviste y trabajaste en Nis. ¿Qué son tus recuerdos y experiencias?
Nis y Serbia en general me cambiaron la vida. Estuve colaborando en los centros colectivos de Niska Banja, Bela Palanka y en el orfanato Dusko Radovic. Era la primera vez que vivía fuera de España. Al principio sufrí un fuerte choque cultural pero terminé enamorándome de Serbia. A Nis fui como profesor de guitarra, pero en muchos sentidos terminé siendo alumno de mis alumnos. Conocí allí a algunas de las personas más admirables que he encontrado y conservo un buen puñado de amigos tanto en Nis como en Belgrado. ¡Ah! Y soy un sincero admirador de la música serbia, tanto de la folk como del rock actual. Y también un enamorado de Darko Rundek.

VISNJA JOVANOVIC